Desde la tabla de jarcia gritó el vigía: Tierra a la vista. Isaac recién bañado se acercó a la ventana, una muchacha venía siguiéndolo para secarlo. Olisqueó fuera. Olía a mar y resina. Olía a Chipre.
El Faraón, el barco en el Isaac llegó a Chipre, entró en el puerto de Famaugusta un sábado de octubre de 1530. Isaac no podía saberlo, pero justo en ese momento, en la torre más alta del castillo de la ciudad una princesa despertó, se levantó sin hacer ruido y con pies descalzos se aproximó al balcón y miró hacia el mar. Ahí estaba El faraón lanzando amarras. Isaac y Farid fueron los primeros en bajar. Les abrieron paso por entre la multitud de esclavos que venían del Asia.