F0948 · A la mañana siguiente escapó del hotel y se fue a rentar un coche, un jeep Rubicón con el que se sintió libre.

lo dejaron pasar. La primera hostería en la que se alojó le produjo pesadillas. Del fondo del suelo emergían vasijas que se transformaban en kouros y lobas. No sabía si amaba a Chipre o más bien lo odiaba. Esperaba saberlo el día que volviera a verla.

Hacía mucho tiempo que Farid no salía de Santa María en el Trastévere. Roma había sido su vida todo ese tiempo. El viaje resultó más sencillo de lo que hubiese imaginado, a pesar de que los viajes en barco aún lo aterraban. En la aduana, le preguntaron con mucha curiosidad a qué venía un monje a Chipre. Él respondió que venía a ver a un amigo para ir a Famagusta, donde nació Afrodita. El aduanero lo miró intrigado. Farid pensó que tal vez su griego se había echado a perder y cuando se le atravesó la idea de que podría comenzar a sangrar en esta situación, estuvo a punto de desmayarse. El agente le dijo que el lugar en el que habían nacido no existía, que Afrodita no existía. Pero él sabía que sí. Se lo habías dicho tú y él te seguía creyendo. Ayer quemó el manuscrito con todo lo que había pensado decirte.

A la mañana siguiente escapó del hotel y se fue a rentar un coche, un jeep Rubicón con el que se sintió libre. 

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