* En poco tiempo, Atonatiuh se acostumbró a la humedad de Tlaxcala. Cuando llegó el momento en que tendría que cantar para el bautizo de todos los soldados que atacarían a Tenochtitlan, se envaneció un poco. Farid y él cantarían. Fueron por las calles de la ciduad diciendo a la gente
—Vengan mañana a la iglesia, cantaremos en la misa del bautismo del Nuevo Mundo.