F0252 · Quien es prudente lo dijo Maquiavelo.

El padre Farid se desplomó en tierra y pidió a su par el secreto de confesión. El padre Díaz lo escuchó enternecido. El catalán hablaba con voz pausada y Farid había aprendido a conocer el carácter de los hombres. Lo había aprendido con toda clase de bestias en sus años de inquisidores España lo aprendió escuchando inquisidores abriendo bien el oído. Díaz sabía blasfemia escondida en el sermón implacable de un converso, pero era también capaz de escuchar la palabra de Dios en la blasfemia.

—Padre dijo Farid de claraval; Nuestra iglesia está como viuda. La gente no quiere el cuerpo de Cristo. No viene nedie.

Quien es prudente lo dijo Maquiavelo.

Díaz vio a Claraval a los ojos. 

—No siempre vamos a depender de Sevilla. —siguió diciendo— En este nuevo mundo tenemos que construir una catedral; aquí, sobre sobre los templos paganos. Necesitamos una catedral, aquí, sobre los templos paganos, que signifique perdón y sea de Dios, donde la gente sienta a Dios.

Afuera estaba Cuauhnáuac. 

—Es cierto, estoy de acuerdo, no vamos a depender de Sevilla, pero ¿qué tiene que ver la música con todo esto?

El fraile catalán parecía enredado en todo.

—Nuestros frailes han hecho bien su trabajo, pero tarde o temprano vendrán los diocesanos. ¿Y sabe usted lo que va a suceder?

—Porque dan ejemplo, porque predican.

—Quien reza y canta, canta dos veces. 

—Nosotros sabemos los que estos indígenas son capaces En el arte y en la guerra. En su lengua. Padre, levantemos en este recinto la iglesia más hermosa de la cristiandad. No digo que levantemos una iglesia de piedra, levantemos una iglesia de espíritu.

—Hagámoslo. Lo estamos haciendo.

—Pero para hacer eso necesitamos música. Un salmista.

Un salmista. Un salmista que sería capaz de conquistar para España el Imperio donde no se pone el sol.

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