14
FEZ / CHIPRE / EL RASTRO
Farid no levantó la voz de inmediato.
Dejó que el té se enfriara.
Que el humo subiera.
Que las sombras se movieran solas.
—Hakim no es solo un hombre —dijo.
Bernardo lo miró.
No sorprendido.
Inquieto.
—Eso ya lo sé.
Silencio.
Farid negó.
—No.
Pausa.
—No lo sabes.
El peso
No era amenaza.
Era algo peor.
Una advertencia sin salida.
Bernardo
Sintió el escalofrío.
No por lo que Farid decía.
Por la forma en que lo decía.
Como si ya fuera tarde.
El cambio
La conversación no continuó.
No porque terminara.
Porque ya había dicho lo necesario.
El afuera
La Medina seguía.
Las lámparas.
Los pasos.
Los animales.
Todo en su sitio.
Eso era lo inquietante.
El corte
Farid se levantó.
No explicó nada más.
Salió.
Bernardo no lo siguió.
No todavía.
El traslado
El mar apareció sin transición.
No como recuerdo.
Como continuidad.
Chipre
Alberto bajó del barco.
No miró a nadie.
No preguntó.
Sabía a dónde ir.
La posada
Oscura.
Baja.
El vino no calentaba.
La historia sí.
—Farid era mudo —dijo.
El pescador no entendió.
Pero escuchó.
Eso bastaba.
El relato
El duduk.
El jardín.
La mujer.
Todo surgía como si aún estuviera ocurriendo.
Alberto no recordaba.
Volvía.
La interrupción
—¿Y después?
Silencio.
Alberto no respondió.
Porque no había “después”.
El regreso interno
En el mismo instante—
Farid caminaba en Fez.
Sin saber por qué.
Pero sabiendo
que algo lo estaba llamando.
Isaac (al mismo tiempo)
Dejó la pluma.
No por decisión.
Porque el cuerpo ya no podía sostener más.
El hilo
Nadie lo veía.
Pero todo estaba unido:
el canto
el cuerpo
el deseo
la memoria
la sangre
Todo tiraba
en la misma dirección.
El punto de tensión
Alberto levantó la mirada.
—Lo estoy buscando —dijo.
No al pescador.
A sí mismo.
Hakim
No apareció.
Pero se acercaba.
No en espacio.
En consecuencia.
Última línea
Y en ese momento—
sin que nadie lo dijera—
todos supieron lo mismo:
ya no se trataba de entender a Hakim
sino
de encontrarlo
antes de que él
los encontrara a ellos.