F0663 · 1530.13 — Esa misma noche, el fraile que custodiaba la capilla compartió una historia con los presentes. Era el

Esa misma noche, el fraile que custodiaba la capilla compartió una historia con los presentes. Era el relato de un indígena que había tenido una visión. Según el fraile, el hombre había sido testigo de dos figuras celestiales: Santa Magdalena y Santa Catalina. Cada una señalaba un camino. El de Magdalena estaba perfumado y cubierto de rosas, pero el de Catalina estaba lleno de abrojos y serpientes, y conducía a un vasto mar oscuro.

Atonatiuh escuchaba desde la penumbra, su atención atrapada por las palabras del fraile. Las imágenes que evocaba eran poderosas, similares a las que describían las tablas europeas que Farid le había relatado, en las que Hércules enfrentaba una encrucijada entre Venus y Hermes.

—¿Qué camino eligió? —preguntó Atonatiuh, rompiendo el silencio que había caído tras la narración.

El fraile lo miró directamente, sus ojos brillando con una intensidad inusitada.

—Eligió el del mar. No porque fuera el más fácil, sino porque allí encontró su redención.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes