F0603 · Todos los días el niño se levantaba con reverencia. Luego del…

Todos los días el niño se levantaba con reverencia. Luego del Basmalá, llenaba sus pulmones de aire y el pueblo en la mezquita agradecía al Altísimo estar reunidos cuando exhalaba. Farid había encontrado en el canto la forma de ser amado. Incluso su padre, lo amaba, aunque Farid, secretamente sabía que nunca podría suplantar el amor de su hermano mayor. El maestro Abbás era duro y dolido en lo más profundo por la muerte de su primogénito, había encontrado consuelo sólo en la música, en el sonido que habita el aire donde antes no hay nada. Ese que, como la palabra del Magnífico, pone orden donde hubo caos. “A Mwsá sí que lo amaba mi padre”, pensaba Farid. “Porque Mswá cantaba bien”.

Farid ponía el mejor de sus esfuerzos en ser el más grande qari que hubiese puesto su pueblo al sur de Es Sham. Vivía en un villorrio hecho de tiendas y casas de lodo cocido en torno de un minarete.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes