F0347 · * Cuídate, Cosimo, no lo maltrates, es musulmán.

* Cuídate, Cosimo, no lo maltrates, es musulmán. 

El europeo se hinco frente a Farid. Lo envolvió con la tela verde como si acabara de bañarlo y quisiera protegerlo del viento. En italiano le dijo, muy lento para que entendiera cada una de las palabras: Te prometo que no voy a castigarte. Tenemos que volver al puerto ¿entiendes lo que te digo? 

Golpe. Tratar de correr. Farid da la vuelta, pero antes de que pueda ordenar a sus piernas, el genovés lo toma del brazo y lo jala tan fuerte que pareciera querer romperlo. Va fanculo. El italiano retuerce al niño, le tuerce el brazo detrás de la espalda, el niño se gira, grita, se levanta sobre las puntas de los pies como si pudiera tratar de desenredarse. Cazzo di merda. El genovés maldice y arroja al niño contra el suelo. Farid se estrella contra la piedra. Rojo. Hormigas. El encantador de serpientes da vueltas en su cabeza. La imagen, la música, el deseo, las piernas, la serpiente, Damasco, una mujer, el olor de un caldero, la hierba, Rashid. Es un mareo que le revuelve el estómago. El niño vomita. Como no tiene nada en el estómago, es solo un fluido blanco lo que le sale. Un fluido que se contagia de mocos y lágrimas y sangre que sale de la herida que le ha hecho la piedra. 

Cósimo, el genovés, se aproxima al cuerpo del niño. Le toma el brazo en forma muy delicada. Le acaricia la mano. Le dice al oido: No quiero hacerte daño, ¿me entiendes? No. Todo el coraje se acaba. Farid comienza a llorar. Puedo arrancártelo. ¿Qué ibas a hacer? ¿Ibas a mendigar? ¿Quién iba a quererte? Farid continúa: es uno de esos llantos de niño muy triste y muy niño; de los que se incrustan contra el pecho y empujan a la garganta. Impotencia y no, que es lo único que puede decir.  Que no, un no que lo arranca de aquí. Ir hasta el minarete. Un nombre: Rashid. 

Prometo que si vienes ahora, no voy a castigarte. El hombre lo arranca del suelo. Lo abraza muy fuerte. El escándalo ha atraido a algunos curiosos. Unos muchachos se acercan a defender al niño. Reconocen al genovés. Ah, está bien, no pasa nada. Es Cósimo. Tiene problemas. Pobre Cósimo. Siempre tiene problemas. Siempre en problemas ¿Eh Cósimo? Va fanculo. Los muchachos ríen y se van por la calle. La gente sigue caminando. 

Qué trabajo de mierda. Cósimo toma a Farid por la cintura y lo incorpora. Lo abraza muy fuerte. El niño así, en esos brazos, se siente muy triste, pero un poco reconfortado. Se abandona, como si de pronto hubiese reconocido el aroma del genovés. 

—¡Eh Cósimo! Dale dos azotes. 

Carcajadas. 

—Vamos al puerto.  

Un calor le quema a Farid los testículos está orinándose de miedo. 

—Dale un par de azotes, ¿eh Cósimo? 

—Gente de mierda. Ven. 

Cósimo cubre a Farid que ahora, con los pantalones mojados, siente más vergüenza que miedo. 

—Vamos al puerto. 

El niño asiente. Le entrega la mano.

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