F0764 · Decidido a no levantar sospechas, Manuel optó por no escapar y…

 Decidido a no levantar sospechas, Manuel optó por no escapar y enfrentar la situación de frente. Después de su visita a la subprocuraduría, se dirigió a la redacción del diario donde trabajaba. Aunque aún no tenía una historia clara que contar, sentía la necesidad de informar sobre los acontecimientos que rodeaban la muerte de Alejandro Ferretis.

#

Entró en la redacción con determinación, consciente de que cada palabra que pronunciara podría tener un impacto considerable en la percepción pública del caso. Se dirigió al escritorio de su editor, quien lo recibió con sorpresa y preocupación.

#

“Daniel, necesito hablar contigo”, dijo Manuel, su voz grave y firme.

#

Martínez Ríos lo invitó a sentarse y escuchar lo que tenía que decir.— Miguel le contó que habían entrevistado a Isaac. Todo, desde los últimos días, desde el descubrimiento del cuerpo de Ferretis hasta su visita a la subprocuraduría. Explicó cómo su carta había llamado la atención de las autoridades y cómo ahora se encontraba en medio de una investigación en curso.

#

Daniel escuchó atentamente, asimilando la gravedad de la situación. Sabía que la historia tenía el potencial de convertirse en un gran escándalo periodístico, pero también comprendía la delicadeza del asunto y la necesidad de manejarlo con cuidado.

#

Después de escuchar la narración de Manuel, Daniel reflexionó durante unos momentos antes de responder.

#

“Esto es enorme, Manuel”, dijo con seriedad. “Necesitamos cubrirlo, pero con responsabilidad. No podemos especular ni difundir información sin verificar. Vamos a investigar a fondo y a mantenernos en contacto con las autoridades para obtener actualizaciones. Pero sobre todo, debemos recordar que hay vidas en juego aquí, y debemos actuar con sensibilidad y respeto”.

#

Manuel asintió, agradecido por el apoyo de su editor. Juntos, acordaron trabajar en conjunto para seguir de cerca el desarrollo de la historia y asegurarse de que se informara de manera precisa y ética.

#

Con un nuevo sentido de propósito, Manuel se preparó para sumergirse de lleno en la cobertura del caso Ferretis, decidido a descubrir la verdad detrás de la muerte de su amigo y colega.

Continúa la escena, aquí Manuel está escribiendo en su blog lo que piensa del asesinato: Antes de terminar de escribir esta crónica busqué en la red si el caso había sido resuelto. Nada –ningún

gran escándalo en un país en el que el 98 por ciento de los ilícitos quedan sin resolver–.

Nunca supe más de Sócrates pero, tiempo después de estos hechos, recordé algo que se me había

escondido entre las porosas duelas de mi memoria. En alguna ocasión y al calor de unos tragos,

Alejandro me había hablado de una playa nudista en que pasaba unos días con unos amigos. Me habló

de una erección de Sócrates, una primera erección pública que fue celebrada por todos los adultos,

Ferretis, su amante y otros amigos, frente al mar Pacífico. Sócrates tendría entonces 11 o 12 años.

Entonces me pareció esa historia una muestra de una sana educación libertaria que no traería a Sócrates

más que una relación relajada con su sexualidad. Ahora, a la luz de los hechos que terminaron con los

dos cuerpos desmembrados en la calle de Órganos, la imagen me resulta ominosa.

Yo espero que Sócrates se encuentre bien en algún sitio; que las teorías que lo imaginan como el asesino

de su padre estén equivocadas y que esa única historia que me hace dudar de la organicidad de la

relación entre Ferretis y Sócrates, su probable asesino, no haya sido más que una divertida escena tropical.

Alejandro, mientras, seguirá buscando un lugar para bien morir en la película de Reygadas, hasta que

algún día desaparezca la última copia de la cinta

Se fue a la Cucaracha. Alejandro quien conoce todo el bajo mundo de Acapulco a causa de Liliana (aunque recordar que él está en La Habana y eso me gustaría mantenerlo, pero bueno, habrá que evaluar). Puede escribirse con su hermano Alejo quien en ese momento está en el seminario. 

La cosa puede ser así: Él va a Cuba. Rompe su matrimonio por Liliana. 

Va y viene a Cuba. 

Como se vuelve cocainómano, se va a vivir al Acapulco de los Ruíz Massieu. Ahí conoce a Alejandro Ferretis. 

La moraleja es que todos esos artistas son muerte. 

La diferencia, claro está en el canto de Alberto y Farid. 

*

La misma noche en que conocí al Skinny con quien hice cosas que me produjeron una cruda moral inmediata (ven, ven, rápido, me decía poco antes de venirse y luego yo me vine y calló mi semen en la arena puerca y sentí que estaba maldito y que nunca tendría descendencia y me sentí muy triste y desolado, abandonado para siempre por dios aquí abajo, en la lujuria, en un desagüe, con un muchacho tan lindo como el Skinny, pero tan solo.. tan solo), esa misma noche fuimos con Adrián, Julio y unas amigas suyas a recorrer todos los antros de table dance de Acapulco.  

Quizás en un deseo de demostrarme a mí mismo (después del Skinny) que había camino de regreso a la normalidad, me propuse con las amigas de Julio (que eran lesbianas) para que se me hiciera un table dance.  De esta manera, argumenté, las chavas gay podrían ver más de cerca de alguna mujer que les gustara y yo podría incluso tocar carne porque aquél antro no era muy serio en aquello de ver pero no tocar. 

Nosotros estabamos en una especie de primer piso del antro.  En la planta baja, llamó mucho mi atención un muchacho de unos diecisiete años al que todos sus familiares habían llevado, seguramente con la intención de desquintarlo (ahora que lo pienso entonces debe haber tenido dieciocho años ¿no?) Una de las taiboleras se empeñó en darle el baile más caliente de su vida y el chavito se vino solo con el roze de aquella vagina sobre su pantalón.  A mi me pareció tan excitante que sigo sintiendo que el corazón se me acelera tan sólo con escribirlo. 

El chavito se levantó y se fue al baño un poco humillado por aquella eyaculación precoz.  La mujer continuó en la pista su table dance, vitoreada por los familiares del chavito que la aclamaban. Ella levantaba los brazos como si hubiese ganado un torneo de box y ella, su feminidad, hubiese resultado rotundamente vencedora. 

La noche empezó a tranquilizarme.  Las cosas no eran tan terribles después de todo.  Aquella noche recorrimos unos cinco o seis antros de table dance y yo dejé a Adrián, a Julio y  las lesbianas locas en un after hours cuando descubrí que si cerraba los ojos veía vaginas y senos y escuchaba las voces afectadas de los hostes diciendo cosas como: “EN la pista número dos está Janet, recuerden, si no aplauden, no se encuera”.  También hubo algunos momentos sutiles como cuando llegamos al Foxies, uno de los más elegantes tugurios de chavas de Acapulco y apareció una chavita que no debe haber tenido más de dieciséis años y me miraba con esa cara de zorra que tanto me gusta.  

Ahí mismo, en el Foxies, estaba dando show la ex de una de las lesbianas con las que estábamos.  Nos sirvieron champagne y toda la cosa y vimos un asunto ahí medio cursi (ya se sabe:  erótico pero artístico, una mamada pues) en que la mujer se encueraba lentamente y se bañaba con agua y luego con el pelo largo mojaba a la concurrencia. 

Las mujeres estaban emocionadísimas y yo demasiado caliente como para quedarme así, pero no pasó nada y cuando entré al baño y miré de reojo a un muchacho que me gustaba y que la tenía paradísima este cuate medio se ofenció, me lanzó unos ojos que no supe que decían está bien, vamos a salirnos de aquí o qué me ves. Preferí no averiguarlo y me fui a la mesa a quedarme como el chinito, nomás mirando a todos esos muchachos excitadísimos viendo a las mujeres girando en tubos en paños menores. 

También conocí aquella vez en Acapulco, a un amigo de Adrián que andaba con un muchacho Argentino muy guapo, muy finolis. Estaban en su despedida y yo no quise arruinarlo a pesar de que el argentino estaba ganoso del menaje, sobre todo por Adrián que por aquellos tiempos parecía una versión joven de Elvis Presley así que tenía un éxito que Dios mío. 

Este amigo de Adrián y su novio argentino se estaban quedando en el Hotel fiesta americana.  Me encantó que su cuarto estaba completamente limpio y era muy acogedor.  Como buenas locas llevaban una ropa excelente y cremas de todo tipo.  Estuvimos tomando en su cuarto y fumando y cantando: Please Don’t Go que estaba tan de moda y también la de No es que te extrañe el corazón de Christian Castro. 

El riquito mexicano decía que se había acostado con Luis Miguel y yo ya en plan de borracho se lo creí. 

¿Qué mas cosas pasaron? Ah si, me acosté con Julio que se quedó fascinado conmigo porque decía que yo parecía buga por la forma de arreglarme (un pantalón de mezclilla, una camisa, el pelo para tras y vámonos).  Ellos se regodeaban horas en ponerse la camisa perfecamente planchada y en alisar el pantalón por horas y dejar el cinturón derecho.  A ellos les encantaba ser así y a mí me encantaba ser como soy pero eramos amigos porque además nos encantaba que el otro fuera como quisiese ser… de hecho, a Julio le gustaba un poco más que eso, porque una noche se metió en mi cama y empezó a fajarme.  Recuerdo que no me encantaban sus gemiditos de mujer.  Me hubiese gustado que fuese más acertivo (palabra dominguera que aprendí en 1999 en San Miguel con Alejandro Ferretis)  pero no, era muy nena y peludón así que mala combinación. De todas formas, me acosté con él porque siempre he querido probarme que puedo así que no poder con él hubiese sido una afrenta para mí.  Le cumplí después de todo aunque fui pasivo. 

En el Beto’s Safari conocí el último día, con Adrián a un muchacho manco con el que también me fui.  

Me la pasé bomba aunque, como siempre, con sentimientos de culpa.  Después de todo, nadie es perfecto.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes