Archivo / Expediente fragmentado
Ferretis. Antes del hallazgo estaba el poder: las órdenes, los abusos, el silencio de quienes tenían que seguir viviendo allí.
El Sitio: la red de poder, la acusación y las voces que atraviesan la casa.
El Reino Cimarrón / Fuera del tiempo
Ferretis · Reloj de Ciudad de México
Emisión del día · 03/11/2026
Los 109 frascos
—El cuerpo de Ferretis apareció un lunes —comentó Bernardo cuando ya iban hacia Cuetzalan.
No había habido anuncio oficial, ni sirenas, ni policías acordonando la finca. En las praderas de la hacienda, donde pastaban los toros de lidia, alguien había colocado ciento nueve frascos de comida para bebé. Cada uno llevaba una franja roja. Cada uno contenía una parte del muerto.
Iván Walsh, que cuidaba la finca, llamó a don Isidro. El ayudante llegó, vio los frascos entre la niebla y los toros y se quitó el sombrero. Después sonrió. A decir verdad, Ferretis era un tipo al que nadie iba a echar de menos allí.
En Cuetzalan se había acostumbrado a hacer lo que quería con la gente humilde. Con sus niños. Los indígenas habían callado. Don Isidro sabía que algunos estarían felices; sabía también que ninguno querría problemas con los Comneno.
Los frascos repetían un patrón sobre la hierba. Desde donde estaba, Walsh podía seguir una línea que se bifurcaba y reaparecía más allá de los animales. Parecía una instalación abandonada antes de que llegaran los invitados.
Canchola y Pili tomaron uno. Don Isidro estuvo a punto de gritar que no lo abrieran, pero ya habían levantado la tapa. El olor los hizo retroceder. Ladraron los perros. Don Isidro cerró el frasco. Quién sabe por qué le ardieron los ojos.
Volvieron a la ayudantía. Walsh se encerró en su estudio y don Isidro llamó por teléfono al presidente municipal.
—Si es un caso de los Comneno, yo no tengo nada que ver —dijo el presidente—. Resuélvalo usted.
Don Isidro se enteró por la señora que vendía naranjas frente a su casa de que todo el pueblo sabía ya lo ocurrido. Pinche Pili, pensó. Ahora decían que uno de los hermanos había matado al mayor de los Comneno.
Volvió a la finca. No llevaba una orden ni podía detener a nadie. Quería mirar de nuevo aquel arreglo en el valle de los toros. Fue entonces cuando le pidió a Walsh que los trajera a todos. También a los gemelos. Sobre todo a Isaac.
En la carretera, Bernardo esperaba una respuesta. Isaac miraba el retrovisor.
Guía de Canales / Lectura A–B–C
6 capítulos · Orden del manuscrito
Las fechas orientan; la secuencia sigue Scrivener.