Hume y la última copa

ES·004 · Conversaciones de Walsh e Isaac

—Nunca me has dicho por qué viniste a vivir a Cuetzalan —dijo Isaac—. ¿Estás huyendo del FBI o del fisco? ¿Pusiste una bomba o le debes dinero al gobierno?

Walsh soltó la carcajada. Había sacado otra botella de bourbon, aunque en los vasos todavía quedaba un dedo de la anterior.

—¿Crees tú que un vegetariano estricto…?

—Y borracho.

—Y borracho —aceptó Walsh— va a estar aquí porque puso bombas. No. La cosa es más simple. Yo dirigía la facultad de filosofía en Memphis.

—Pensé que eras galés.

Walsh se tomó de un trago el bourbon. Hizo un chasquido con la lengua.

—Soy galés porque me niego a seguir perteneciendo a los Estados Unidos. Por eso quiero aprender galés, así como tú insistes en aprender náhuatl. Nos cuestan los idiomas con los que queremos reconocernos.

—¿Y cuál era tu campo de estudio?

—Hume.

—Mira tú.

Walsh sirvió lo que quedaba. Desde la cocina llegó la voz de una de las hermanas Papin. Ninguno de los dos entendió qué había dicho.

—¿Quieres escuchar algo? —preguntó el pintor.

Isaac pidió el concierto para agua de Tan Dun.

—Qué cosa tan pesada, Isaac. Te vas a ir al infierno con esas peticiones.

Pero fue a ponerlo. Cuando regresó, Isaac estaba mirando la ventana. No se veían los toros. La niebla había ocupado el campo hasta la altura de los ojos.

—¿Y te sirvió? —preguntó Isaac.

—¿Venirme?

—Hume.

Walsh se sentó frente a él. Escucharon caer el agua del concierto. Isaac no sabía si el sonido que venía del patio pertenecía también a la música.

—Para no confundir lo que hay con lo que tendría que haber —dijo Walsh.

—Hay ciento nueve frascos ahí afuera.

Walsh dejó el vaso en la mesa.

—Por eso.

Isaac se levantó. En el centro de la galería había un pasillo sin iluminación. Desde allí un cuadro parecía devolverle la mirada. Se acercó hasta reconocer su propia cara: estaba bailando con Narumi.

—¿Qué es esto?

—Alexis Romanov aprende a bailar.

Isaac se volvió hacia Walsh.

—En éste me reconozco.

—Claro. No mira a la chica con la que está bailando.

—Mira al espectador.

Walsh dejó pasar un poco de agua antes de responder.

—Te mira a ti.

Ángel Comneno · Banda sonora

Rodrigo at the Edge of the Sun

Desde el cuaderno

Chipre

Tú y yo estamos otra vez en Chipre.
El aire huele a sal y al miedo de quienes se esconden.
Pero aquí no hay mapas.
No sé por dónde estarás buscándome
¿desde el mar?
¿desde los olivares
donde los gritos se confunden con el viento?
Tal vez ya te cansaste.
Tal vez me escondí tan bien
que ni yo mismo sé encontrarme.
Me quedo en esta cama que no reconozco,
con las sábanas revueltas
y tu nombre dándome vueltas en la cabeza
como una plegaria sin amén.
Dicen que todo brilla afuera —
pero aquí dentro nada reluce.
Aquí la locura se castiga.
Y yo estoy otra vez en Chipre,
aunque ya no sé
desde dónde podrías estar llamándome.

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