El Mustang amarillo en Florencia

ES·001 · El Sitio

A las cinco de la mañana, Bernardo seguía dando vueltas por la Zona Rosa. Había visto y vuelto a ver a todos los muchachos que se paraban en las esquinas, esperando. Ninguno era exactamente ese: el que apareció de pronto a las cinco cuarenta y tres, bajo un farol, garabateando en un cuaderno púrpura con cara de indiferencia.

El Mustang amarillo se detuvo frente a Isaac. Al verlo, el muchacho sonrió con una suerte de coquetería compartida. Era evidente que no era la primera vez que se veían.

—Acércate, por favor —ordenó Bernardo.

Como si estuviese complaciendo a un cliente difícil, Isaac se acercó a la ventanilla que terminaba de bajar. Se reclinó con indiferencia.

—Sube.

—¿Quieres seducirme? —preguntó Isaac, provocativo.

Bernardo lo miró serio.

—Tienes que venir conmigo.

—¿A dónde?

—A Cuetzalan.

—¿Por qué?

—Te acusan de asesinato, Isaac.

Isaac, el hermano de Bernardo, subió al Mustang amarillo. Cuando el automóvil circuló por Florencia hacia el Ángel de Reforma, vio en el retrovisor a otro muchacho exactamente igual a él, que en ese momento se subía a otro Mustang amarillo.

Esto había sucedido durante toda la eternidad.

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