Juan Herrero sucumbió a la voz del niño como sucumbió el árabe, cuando vio el baile entre el caos y el encantador de serpientes.
A Farid lo castraron en Damasco. Juan Herrero es un castrado por convicción, por fe. Los dos se encuentran enganchados con los secretos del otro. Juan se sabe el símbolo de la castración, del padre musculoso que todavía se aparece en los sueños del mulato capón. Farid intuye los sueños de Juan cuando éste reza y se mete en la cama y apaga el sebo con gesto de contrición.
g. Alonso de Molina y la escuela de Pedro de Gante.
Escribo y se hace presente el mundo de Farid. Desaparece aquí el bar. Pero cuando vuelvo del mundo de Farid a mi propio mundo, todo me parece una señal.
Entre los muchachos del coro Farid se hizo de un: Alonso Molina. Alonso aprendió náhuatl jugando con los niños de los indígenas.
Juan conversa con un fabricante de libros de coro. Los libros, mientras más hermosos son más difíciles de conservar. La gente se los roba, los mutila. Les hace cosas. Así es Farid.