F0226 · Atonatiuh abrió los ojos se sorprendió por sentir hambre. Aquello constataba…

Atonatiuh abrió los ojos se sorprendió por sentir hambre. Aquello constataba que, a pesar del horror de estar atrapados en el ciclo eterno de alimentar al sol, la vida seguía su gusto. Nelli, una hermosa muchachita entró a la tienda seguida de esclavos enanos que llenaron la tienda de manjares. Cuando se habían ido los esclavos el dios de mayo cogió unos peces blancos cocidos con sal. Le supieron deliciosos. Se atascó de frutas y aves, se refrescó en toda clase de jugos e infusiones de hierbas. A lo lejos escuchó el lamento de sus compañeros. Los habían encerrado en jaulas como a animales mansos. Serían sacrificados en ceremonias menores. Él viviría un año en el palacio de Axayácatl, padre de Moctezuma. La guerra lo había tocado. Sobre el campamento brillaba la luna y el hombre búho salió para alejar del Valle de Flores a los espíritus de los muertos en la batalla.

Desde la primera noche, trajeron a la habitación de Atonatiuh todo lo necesario para complacer al joven dios. Le dieron de comer manjares: pez fresco de Veracruz, acotziles, tortas de maíz en salsa de cacao.

Hacer el amor pasear para ser visto, para que la gente olvide los presagios y los chismes de otros invasores que se mueven. Hacer el amor Afuera del palacio, día y noche venían procesiones para rezar por el joven Dios. ¿Los escuchas Atonatiuh? Preguntaba Ayahutli. Hasta su habitación subía el olor del copal. Para que el pueblo pudiera verlo, Atonatiuh era guiado al menos una vez a la semana por los canales. Iba en goletas imperiales que marchaban sobre un agua que en la tarde se volvía dorada. Era la promesa de que a pesar de las noticias que no dejaban de venir del este, todo volvería a ser como antaño. Tepeyohtli volvía para ser vitoreado con él y a cada golpe de remo un esclavo murmuraba en su oído: hermoso dios de mayo. Eres tú quien hace vivir la ciudad. El pasado y el futuro no existen, joven Dios, este es tu tiempo. El presente es el tiempo de un dios. Hacía el amor por la mañana y por la tarde y se olvidaba de todo Tomó un baño era enorme y hermosas muchachas le enseñaron formas de amar que no imaginaba. Cualquier csa que desees, le dijeron, cualquier cosa y él se inclinó sobre su espalda e imaginó la sonrisa de Ilhuítl.

Su cama era de plumas. Había afuera de su habitación una fuente que llenaban de agua fresca.

Escuchó una canción en un idioma extraño. Era el dios de la vida nueva, del pescado fresco, del sabor a sal.

, se refrescó en toda clase de jugos e infusiones de hierbas. A lo lejos escuchó el lamento de sus compañeros. Los habían encerrado en jaulas como a animales mansos. Serían sacrificados en ceremonias menores. Él viviría un año en el palacio de Axayácatl, padre de moctezuma. La guerra lo había tocado. Sobre el campamento brillaba la luna y el hombre búho salió para alejar del Valle de Flores a los espíritus de los muertos en la batalla.

Hacía el amor antes de comer y después de comer 

Era una sensación que constataba que, a pesar del horror de estar atrapados en el ciclo eterno de alimentar al sol, la vida seguía su gusto. Una hermosa muchachita entró a la tienda seguida de esclavos enanos que llenaron la tienda de manjares. Cuando se habían ido los esclavos el dios de mayo cogió unos peces blancos cocidos con sal. Le supieron deliciosos. Se atascó de frutas y aves

Hacía el amor antes de cenar, cuando venía una muchacha 

Lo atendían dos esclavos a los que habían arrancado la lengua y poco antes de que oscureciera le ofrecieron manjares servidos en vajillas de barro oscuro elegantemente colocadas frente a la ventana para que él comiese cuando deseara. Atonatiuh prefería el pez fresco porque traían desde su pueblo en el mar; acotziles, Había también tortas de maíz oscuro en salsa de cacao y jugos de frutas que nunca imaginó. Junto a su cama había una flor que le produjo sueños dulces en los que, sin amargura miraba a su amigo muerto. Bajaba con el sol hasta su morada. Le sorprendió ver que había no uno, sino millones de soles oscuros que Izcóatl y su padre encendían cada mañana. Al día siguiente apareció una hermosa esclava. Él supuso que también le habrían arrancado la lengua para que no osara contar lo que miraba en esta habitación. Le aproximó túnicas y sayales lo llevaron al baño y se alejaron para ofrecerle privacidad. Desde una ventana se miraba apenas en la bruma el perfil de la ciudad. Cuando hubo terminado se llevaron los excrementos para que no tuviese la tentación de creerse mortal. Era un dios. La muchacha lo bañó con agua de aromas dulces, le cortó el cabello y se lo untó con grasa de modo que tenía el aspecto de un niño inocente. La tarde del tercer día en el palacio vino Ácatl.

En el camino hacia Tenochtitlan, Alessio había vuelto a comenzar a recitar los salmos. Estaba anocheciendo y el, Bartolomé de Olmedo y el padre Díaz rezaron mientras Farid cantaba: Lucas 2, 29, señor despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación, 31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 32 Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel. M

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