F0877 · Era una muchacha que le daba nostalgia no sabía exactamente de…

Era una muchacha que le daba nostalgia no sabía exactamente de qué. Lo pensó una tarde en que se emorrachó de cerveza y la encontró dormida de cansancio sobre una de las mesas de la taberna. Se dio cuenta de que el afecto que le producía aquella fragilidad era de muy distinta naturaleza a la que le había producido la señora del Carpio. No sabía ahora mismo si la deseaba más o menos. Sólo sabía que el afecto y el deseo que estaba sintiendo no eran exactamente lo mismo. ¿Le daba ternura? También Farid le había dado ternura y no era suficientemente inocente como para pensar que el deseo que lo había inundado cuando escuchó su historia del encantador de serpientes no hubiese tenido algo de lujurioso, algo de inmoral. Tal vez, se dijo, fue esa primera infracción, la de haberse encontrado desnudo con un eunuco, un muchacho en la frontera entre el hombre y la mujer lo que lo había desviado. Porque a pesar de que no se arrepentía, Jorge sentía que algo lo había desviado del camino que debió haber tomado. Pensaba mucho en su madre. Pensaba en una ternura que también había sentido muchos años atrás. Había recordado (y no sabía exactamente dónde había quedado almacenado el recuerdo) que de niño, una tarde en que comían aceitunas mirando el mar, él Jorge había cogido el cabello de su mamá y había respirado su olor. Había hecho lo mismo después con sus hermanas. Le fascinaba aquel olor pero especialmente el de su madre. Y la sensualidad de la primera noche con la marquesa se lo había recordado. No era el aroma celestial de quien imaginaba que el amor está hecho sólo de  aromas dulces. Era la consciencia de que hay algo un poco torcido en todos los amores carnales, la transgresión a la que invitaba el cuerpo de Farid, el reto que implicaba la marquesa, un reto que lo había puesto en el peor de los pecados según pensaba, el asesinato y la ternura que ahora se le mostraba como si todo aquel viaje no hubiera sido otra cosa que encontrarse con estas tres formas de perderse. Perderse por ternura, por la sensación de que había ahí alguien a quien hubiera querido abrazar y proteger.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes