F0876 · La historia de este personaje verídico está contada en tres momentos…

La historia de este personaje verídico está contada en tres momentos de su existencia. Primero: Desde que abandonó con su madre una aldea en Siria, para ser hecho esclavo y castrado en la ciudad de Damasco, hasta su venta en el puerto de Veracruz. En este tiempo, se narra un primer momento de la relación de Farid con su amo, el padre Farías, cura viejo que, de acuerdo con las actas catedralicias: “necesita un esclavo que lo ayude en la vejez”. 

La segunda parte de la novela se centra en la historia de Farid Ángel, desde que entra a trabajar con Farías (quien, de acuerdo siempre con las actas de catedral, se queja de la conducta de su esclavo) hasta que el cabildo decide tomarlo directamente a su servicio. 

De acuerdo con las actas es posible suponer aquí que, si bien el esclavo (que tenía sólo quince años en ese momento) robaba al padre Farías, éste abusaba de aquel. Una vez que el muchacho castrado fue separado de su amo (hecho que trajo diversas complicaciones, entre otras la de encontrarle a Farid un lugar para vivir), el primer maestro de capilla descubrió en él una voz dotada y decidió darle entrenamiento musical. Es importante señalar que Farid Ángel (cuyo nombre árabe fue Abel-Al-Farid, que significa “el que todo perdona”) había sido castrado para ser vendido a un harem y cuidar de las mujeres, no para cantar. 

Una vez que el maestro de capilla ha descubierto el talento natural del muchacho, la catedral encuentra en él un tesoro. Y no es sólo que su precio ascendiera entonces al equivalente actual de tres millones de pesos, la música jugaba, además, un papel fundamental en el adoctrinamiento espiritual de los indios de Nueva España. 

El cantor llegó a México en 1530. En 1531 la catedral de Tenochtitlan (que todavía así se llamaba) vivía opacada por las misas que tenían lugar en el convento de San Francisco “la catedral estaba como viuda, nadie venía a visitarla”. 

En San Francisco, Pedro de Gante, realizaba misas con coros de trescientos niños de nobleza indígena que, haciendo canto llano (canto gregoriano), encantaban a los nativos mexicanos. “Un dios que produce esa música no puede ser tan malo”. 

Por otra parte, a los nuevos cristianos de México no les atraía recibir Santa Misa en la primera catedral de México. El edificio era, en esos años, poco más que una iglesia de madera; frágil todavía sobre los restos firmes del corazón del imperio azteca. 

Así, Farid Ángel se torna pieza fundamental en la lucha entre Pedro de Gante y fray Juan de Zumárraga (primer obispo y encargado de la catedral). Ambos compiten por atraer más fieles y diezmos para sus urnas. 

La tercera parte de la novela se centra en el momento en que Farid Ángel, consciente ya de su importancia en la pugna entre franciscanos y diocesanos, comienza a pedir al cabildo de catedral, primero que le otorguen un sueldo de hombre libre, después que le presten una casa con todas las comodidades para vivir y, ya en el colmo de su calidad de artista, vestuario y vacaciones como a cualquier cantor: Yo no soy un esclavo, piensa Farid, yo soy un cantante.  

El cabildo discute: Si bien es cierto que la música del capón (quien interpreta obras de Juan Hernández) ha crecido en forma exponencial el número de fieles que vienen a catedral (con el consecuente aumento de limosnas y diezmos), también es cierto que no hay dinero que alcance a un grupo de curas que apenas están sentando reales en México y dependen aún del arzobispo de Sevilla.

El colmo de la lucha entre Farid Ángel y el cabildo tiene lugar cuando éste, molesto por las humildes condiciones de vida que puede ofrecerle la iglesia a cargo de Zumárraga, decide simplemente no cantar durante una misa con asistencia del virrey. 

Hay en catedral quien piensa que se debe dar al capón lo necesario para que sirva bien y en mejor forma a “la Santa Iglesia y a Dios nuestro señor”, otros afirman que el esclavo sin alma (los negros no tienen alma en la visión española) está abusando. Debe tratarse de un demonio que encanta serpientes. 

Como no termina por decidirse la situación económica del esclavo, Farid decide huir a España y se transforma en fugitivo. 

El esclavo toma el camino de Veracruz con la idea de embarcarse rumbo a la capital del imperio. En el camino se encuentra con otros como él: Negros que han huido y que establecen campamentos en la selva que rodea las montañas. En estos campamentos el cantante conoce a los cimarrones, negros “salvajes” que vienen huyendo del maltrato de sus amos conquistadores. 

Un tiempo corto vivió Farid en estos caseríos improvisados en las selvas de Veracruz. Él no es eso, él no es un campesino al que golpeaban: Es un artista que busca mejores condiciones de vida. A pesar de las insistencias de los esclavos, Farid sigue el camino a Veracruz. 

Ya en el puerto, cuando quiere embarcarse rumbo a Sevilla, es hecho prisionero. Los guardias aduanales del imperio están prevenidos de la existencia de un esclavo con esa edad y esas características que huyó de la catedral de México Tenochtitlan. Saben que seguramente querrá embarcarse rumbo a Sevilla. 

Prisionero en san Juan de Ulúa, Farid espera a que vengan por él. Es el colmo de la castración, de la impotencia. 

La cuarta parte de la novela narra la historia del regreso de Farid a México. Aquí las cosas mejoran: Con ayuda de Zumárraga y de su maestro Juan Hernández (con quien suponemos, ya en el ámbito de la ficción, que tiene una relación de amor platónico) Farid consigue excelentes condiciones de vida y un sueldo poco modesto que el esclavo comienza a ahorrar vehementemente. Su idea es utilizar este dinero para comprarse a sí mismo. Se Libre, por fin. 

Sea como sea, ahorrar el equivalente a tres millones de pesos con un sueldo de músico catedralicio (por bueno que éste sea) siempre resulta difícil, en estos tiempos y en la Nueva España del siglo XVI. 

Son años difíciles para la dominación española: Está la pugna entre los conquistadores y la Audiencia (brazo armado del emperador). Hay también la posibilidad ya casi tangible de una rebelión que está levantando poco a poco a millones de súbditos indígenas en contra del gobierno europeo. Dicha rebelión, dicen los estudiosos, sólo pudo ser sofocada con la aparición (real o ficticia, este no es el punto) de un icono que unió a conquistadores y conquistados. 

La virgen de Guadalupe apareció en el cerro del Tepeyac por primera vez un 12 de diciembre de 1531, justo cuando Farid Ángel acaba de volver a la capital de la Nueva España.

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