Es el 6 de noviembre de 1500 cuando la luna se oculta, roja de sangre, en el firmamento. Luna de tribulación, luna de sangre, luna que mira el mundo desmoronarse lentamente, como César que vuelve a la errancia, vagando y bendiciendo casas, siempre recomenzando la aventura, porque el camino es volver al principio. Es también la luna que ve la batalla final de Canchola contra el alemán, ese caballero de espejos, su némesis, reflejo último de su propia oscuridad. Cuando la luna desaparece, desaparece también la familia de Canchola. La sangre siempre pide sangre.
David huye con Jonathan del seminario, como quien escapa de una historia escrita por otros. César queda atrás, esperando un gato que nunca llegará, enamorado ahora de un joven judío vecino suyo, sintiendo la llamada silenciosa del amor religioso que lentamente vuelve a despertar. Todo es eclipse, todo es misterio.
David, destinado a la tragedia y al amor absoluto, sufre el accidente que lo lleva al hospital, donde conoce al Canalla. El sueño se mezcla con la pesadilla, David escucha voces en sueños, mientras la muerte ronda como una homilía susurrada desde la oscuridad. Marcos pregunta por Isaac, pero Isaac ya está perdido, delirante, sangrado por completo, descubriendo en su meditación profunda que él mismo es la serpiente, él mismo es el encantador, el ojo violeta que permanece, que siempre permanece.
En otro tiempo, Farid toma un té en San Sebastián, despidiéndose de su mujer; esta vez no quiere olvidar. Sube al yate dispuesto a enfrentar su memoria. La memoria como tribulación, el recuerdo como eclipse total del alma.
David regresa a su madre Nora, y allí se desata la tormenta última. La determinación se cristaliza en una decisión terrible: matar a la madre, encargarle al Canalla el asesinato y después realizarlo él mismo, porque sólo la sangre limpia la sangre, y sólo la muerte silencia las voces.
Amor absoluto, Jonathan y David; matrimonio como un ritual definitivo, una ceremonia que se despliega bajo la sombra de una luna enrojecida. Todo se cierra, todo se completa en el círculo oscuro de la luna.
Y así Farid, David, César, Isaac, todos miran el cielo, buscando la luna que oculta sus secretos en un rojo profundo, como una herida abierta en la noche cósmica, y esta vez ninguno de ellos quiere olvidar. Esta vez quieren recordar, aunque duela, porque recordar es la única redención posible, aunque signifique cruzar de nuevo el eclipse, aunque signifique enfrentarse al misterio último, aunque signifique descubrir que cada uno es la serpiente, cada uno el encantador, cada uno la luna que sangra en la noche de la Tribulación.