F0953 · Al día siguiente, el destino de Farid es Nicosia, la capital.

En Pafos hay un museo, ruinas con mosaicos helénicos y hoteles de lujo con playas. Chipre es la puerta entre oriente y occidente. Siempre le pareció en el mapa una tortuga y sin embargo, es más como una llave medieval. En la zona más turística de Pafos está el departamento que Farid rentó por Internet, no vuelve a creer en las ofertas cibernéticas. Está en un hotel pretencioso pintado en tonos de rojo y anaranjado. Los pasillos y las habitaciones imitan los frescos del museo de Pafos. Le resulta difícil sentirse cómodo rodeado de monstruos con cola de sirena, toros-hombre que se reflejan al infinito en los espejos contrapuestos de su habitación.

Deben ser las once de la noche. Farid sale y camina por una calle tan turística que encuentra dos o tres restaurantes mexicanos. Se mete en un pub en el que un grupo de holandeses lanza brindis. Pide una cerveza y luego otra. Se trata de emborracharse, sí. No quiere volver a ese hotel en el que le asaltan los miedos. Será tal vez que aquí en Chipre a sus personajes les suceden cosas terribles. Sueña con minotauros.

Al día siguiente, el destino de Farid es Nicosia, la capital.

En un comedor de carretera, Farid comienza a acoplar su cerebro al mapa de Chipre. Está convencido de que una ciudad, un país debe mirarse como una obra de arte que han ido produciendo millones de seres humanos a lo largo de los siglos. El mapa lo tenía confundido porque está acostumbrado a los mapas mexicanos, aquí las distancias son enormes. En Chipre, en dos horas ha cruzado la mitad del país. Piensa: en tres horas llegará a la capital. Bonito plan. No sabe que las carreteras son malas y esa mancha verde al centro del mapa es un macizo montañoso.

En el restaurante carretero, Farid aprende que aquí lo que se bebe es cerveza Keo. A la mesera coquetona le pregunta por Famagusta. Debería estar por aquí, ¿no? La rubia cambia de actitud: “Está en la zona turca”, le dice. “Son peligrosos los turcos. No vaya para allá”. Pero si a eso vino. Justo porque es necio como los turcos, que en el este de Europa turco es sinónimo de “toudo”.

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