F0151 · Jorge no estaba de acuerdo con Luis Méndez. La tierra no…

Jorge no estaba de acuerdo con Luis Méndez. La tierra no tiembla porque tiembla, todo esta conectado. En poco tiempo la conversación condujo hasta el sitio preferido de Jorge, el tamaño del mundo. Los mapas que había visto. Y entre ellos había un mapa que había venido desde Cipango a través de sabios musulmanes. Era un mapa en que se narraban los viajes de Zheng He. Alberto miraba fuera hacia el jardín amplísimo y de tipo italiano. No le importaba el tamaño del mundo. Había comenzado a interesarse más bien por otra clase de misterios. Los misterios de la sensualidad. Más que investigar el mundo, lo que le interesaba era explorar este mundo que más allá de las miradas del hermano Fabricio y de todos aquellos monjes le parecía tan hermoso. Comenzó a tararear una canción pagana que había aprendido en el convento. Y mirando a Farid y sonriendo con él llegó a esta conclusión otra vez. Aquel muchacho era inmortal.

Fue la primera noche en la Tierra de los Conejos, el fin del mundo, el fin de la predicación de Pablo y el lugar en el que murió Santiago el Mayor. La tierra de los alquimistas, verde y pedregosa, cubierta aún de los rezos de judíos y musulmanes invocando la presencia del Grial. Aquella noche, por primera vez en mucho tiempo Alberto tuvo deseos de rezar el oficio divino. Pero el libro quién sabe dónde lo había dejado. Imaginó a sus hermanos en el convento borrachos con el incienso de las supersticiones mientras que él aquí, con todos estos hombres sabios y hermosos él estaba liberándose del yugo de Dios.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes