Alberto lo llamaba el deseo de la paz que sintió en el Pozo de las tribulaciones. Subió el Olimpo para buscar a Alexander. Iba recordando que en México Atonatiuh murió mirando el atardecer, que el pequeño Cristóbal, heredero del trono de Moctezuma, se unió a un carromato lleno de evangelistas y conqusitadores. Había decidido vivir de incógnito y habrá tenido muchos hijos que hoy descienden, sin saberlo del último rey de México. Completamente solo, otra vez, Farid cocinó un pescado sobre la playa. Volvería a México para seguir cantando y luego a Veracruz y a Roma donde se volvería sacerdote. Creció y finalmente perdió la voz pero aquella tarde, después de cenar junto a la playa comenzó a tararear. Tomó el laúd y fue co