F0256 · Cortés y Xicoténcatl pasaron revista a los hombres. Marina tradujo:

Antes de entrar en batalla, Tepeyohtli fue bautizado, pero no aceptó un nuevo nombre, pues era noble y Cortés había dicho que se respetarían sus títulos. Ahora el más grande héroe de México Tenochtitlan rogaba al Dios al que se había convertido, que un milagro le permitiese reencontrar a su familia una vez que se hiciera la paz. Mirar los volcanes. Una deliciosa tarde de placer y no hacer nada.

Cortés y Xicoténcatl pasaron revista a los hombres. Marina tradujo:

—Hombres del Anáhuac, no os sintáis culpables de ser los libertadores en esta batalla. Hoy se han acabado por siempre los sacrificios a la muerte porque la vida está por vencer a la muerte.

 Xicoténcatl lanzó un grito de guerra. Los tlaxcaltecas se levantaron. Resonó el tambor, se estremecieron los cascabeles. Comenzaron los cantos marciales. Fray Farid se acercó a Tepeyohtli y dijo.

—No temas. Hoy o mañana o dentro de cien años, tu hijo y tú vivirán juntos en la morada de Cristo. ¿Qué clase de paraíso sería el de Cristo si un hombre como tú no pudiese volver a abrazar a su hijo?

Tepeyohtli lo miró con desdén y dijo:

—Me han enseñado tus seguidores que uno que muere sin ser bautizado muere por siempre y aún más. Se arrastra en un infierno de fuego y fango.

Fray Farid negó con la cabeza.

—Vivirán los justos en el Cuerpo Místico. Confía en la comunión de los santos.

Pero Tepeyohtli no creía. Hubiese querido creer, pero ahora todo le parecía de una seca insensible realidad. Una realidad que se disuelve sin sentido en la nada. Se unió al grito de guerra de sus antiguos enemigos, los tlaxcaltecas.

Xicoténcatl caminaba borracho, most´ro una señal, los seguidores de xicot conocían el sell 

—vaya, no pensé que tendría honor

Xicoténcatl sacó el 

Tepeyohtli sacó el cuchillo que le había devuelto su hijo, el cuchillo de obsidiana vientre de su enemigo como avergonzado frente a la desnudez abrazó sus vísceras lo tocó con la sandalia xiocotencatl el joven parecía haberse doblado se doblaron frente a Tepeyohtli en señal de sumisión y obediencia 

esanochedeamadrugadaentrofercortesalaass havdexichasord la muert de tu hijo y eso no acordpor primera vez sintió que tenia que ser cautelo el rey escuto desde cuando un rey cuando muy a su pesar tiene que matar a su prim cortés no dijo nada, camió por las calles de Tlaxcala se sentó en un lugar, los niños sea aproximaban supo que qué hijo tuyo te matará 

Finalmente, una tarde de nubes púrpuras murió Cuauhtláhuac y Cuauhtémoc ascendió al trono y no hizo más sacrificios.

En la procesión para coronar al último tlatoani de Tenochtitlan, cientos de niñas vírgenes lanzaban flores a los pies del nuevo emperador. Los hombres rompían vasijas y se inclinaban para besar el piso por sobre el que él pasaba. Brillaban sus vestidos y la cara de Cuauhtémoc era la de un dios que estaba a punto de regalar a los hombres su libertad.

Todos dejaron de tener miedo a los presagios, porque los presagios ya todos se habían cumplido. El último emperador durmió esa noche con el convencimiento de que la tierra era, como habían dicho los españoles: redonda y de que este era el lugar de todos los ocasos. Que aquí, en la ciudad de Tenoch muere el sol. Entendió entonces el sentido de su nombre: “águila que atardece.”

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes