Capítulo 79 — El cuaderno y la herida
El cuaderno púrpura no estaba en la biblioteca.
O mejor:
no estaba solo en la biblioteca.
—
Toni lo sostenía, sí, con las manos apoyadas sobre la mesa de madera, bajo la luz amarillenta que hacía parecer todo más antiguo de lo que era.
Pero el cuaderno —ese mismo cuaderno— también estaba en otra parte:
en el puerto,
en el burdel,
en el hotel,
en la herida.
—
Cuando leyó la última línea —Hakim soñó— no sonrió por ironía.
Sonrió por reconocimiento.
—
—Qué conveniente —murmuró.
—
La voz detrás de ella no corrigió la frase.
La desplazó.
—
—No es conveniente. Es inevitable.
—
—
No entró.
Ya estaba ahí.
—
Su camisa arrugada no era descuido.
Era resto.
—
Tinta en los dedos.
No como oficio.
Como consecuencia.
—
—Ese libro es mío —dijo—. O lo fue.
—
Toni lo miró con una atención distinta a la curiosidad.
—
—¿Lo escribiste tú?
—
—Partes.
—
Pausa.
—
—Las que podían escribirse.
—
—
El silencio entre ellos no era incómodo.
Era compartido.
—
Como si ambos supieran que lo importante no estaba en lo dicho, sino en lo que no lograba fijarse.
—
—Hakim no es un personaje —continuó Farid—. Es lo que queda cuando el deseo no puede sostenerse en una sola forma.
—
Toni pasó el dedo por la línea aún húmeda.
—
—Entonces no termina aquí.
—
Farid negó.
—
—Nada termina donde se escribe.
—
—
Se levantaron.
—
No como quienes deciden salir.
—
Como quienes ya estaban saliendo.
—
—
El cuaderno ahora estaba en manos de Toni.
—
No como objeto.
—
Como carga.
—
—
—
La calle.
—
Húmeda.
—
El neón vibrando como si no pudiera estabilizarse.
—
—
Toni caminaba.
—
No hacia ningún sitio.
—
Pero inevitablemente llegó.
—
—
El bar.
—
—
Narumi ya estaba ahí.
—
Siempre lo estaba.
—
—
Sentada, inmóvil, con esa mezcla de presencia y distancia que no se podía imitar.
—
—
Toni se sentó sin hablar.
—
No era necesario.
—
—
—¿Qué te pasa hoy? —preguntó Narumi.
—
La pregunta no abría la conversación.
—
La confirmaba.
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—
Toni tardó en responder.
—
Porque lo que tenía que decir no cabía en una frase.
—
—
—Todo está roto.
—
—
Narumi no entendió.
—
No del todo.
—
—
—¿Qué está roto?
—
—
Toni respiró.
—
No para calmarse.
—
Para ordenar.
—
—
—Mauricio se está muriendo.
—
Pausa.
—
—Mi madre también.
—
Otra pausa.
—
—Y Clara…
—
No pudo seguir.
—
—
Narumi lo miró.
—
No con compasión.
—
Con atención.
—
—
—¿Y tú?
—
—
Toni sonrió.
—
—
—Yo ya estaba roto.
—
—
Silencio.
—
—
—¿Y por eso vienes aquí? —preguntó Narumi.
—
—
—No sé por qué vine.
—
Pausa.
—
—Tal vez para recordar cómo se siente estar con alguien que no está roto.
—
—
Narumi no se movió.
—
—
—Nadie está completo —dijo.
—
—
La frase no consolaba.
—
Ajustaba.
—
—
Toni la miró.
—
—
—Ni tú.
—
—
Narumi sostuvo la mirada.
—
—
—Ni tú.
—
—
—
Se levantaron.
—
—
No por impulso.
—
Porque la escena lo exigía.
—
—
Caminaron.
—
—
Y por unos pasos —sólo unos— el peso se repartió.
—
—
No desapareció.
—
—
Se sostuvo entre dos.
—
—
—
La Cucaracha volvió.
—
—
Las sombras.
El humo.
El olor.
—
—
Bernardo —o Toni— ya no distinguía del todo.
—
—
Narumi entró.
—
—
—Llegaste tarde.
—
—
—No.
—
—
—Siempre llego cuando la escena ya empezó.
—
—
Toni bebió.
—
—
—Voy a La Habana.
—
—
Narumi no reaccionó.
—
—
—Estoy enamorado de Ishaq.
—
—
La frase no produjo escándalo.
—
—
Produjo silencio.
—
—
Porque Ishaq no era alguien.
—
—
Era una posición.
—
—
Narumi lo sabía.
—
—
—¿Y qué esperas que diga?
—
—
—Nada.
—
—
—
El hotel.
—
—
La escalera.
—
—
La habitación.
—
—
Narumi en el espejo.
—
—
No se veía a sí misma.
—
—
Veía la escena.
—
—
Toni en la cama.
—
—
El cuaderno púrpura en la mesa.
—
—
La noche afuera.
—
—
Y algo más.
—
—
No visible.
—
—
Pero inevitable.
—
—
—
En otra capa,
—
Farid recordaba.
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—
El puerto.
—
—
Los cuerpos.
—
—
El precio.
—
—
La venta.
—
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Y luego,
—
la herida.
—
—
La misma.
—
—
Siempre la misma.
—
—
La que no sangra cuando debe.
—
—
Y sangra cuando algo se acerca demasiado a la verdad.
—
—
—
En la habitación,
—
Narumi se sentó junto a la ventana.
—
—
No lloró.
—
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Pero sintió.
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—
No miedo.
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—
Anticipación.
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—
—
—Algo va a pasar —dijo en voz baja.
—
—
Toni no respondió.
—
—
Porque ya estaba pasando.
—
—
El cuaderno,
—
la herida,
—
el puerto,
—
la embajada,
—
La Cucaracha,
—
todo
—
no avanzaba
—
—
coincidía.
—
—
Y en esa coincidencia,
—
por primera vez,
—
la historia de Hakim no era un sueño.
—
—
Era el punto donde todos los tiempos
—
dejaban de separarse.