8
EL CUADERNO PÚRPURA
No comenzó a escribir.
Ya estaba escribiendo.
Fabricio no lo vio.
Julián tampoco.
Pero en algún lugar—
no Roma no Damasco no el Cairo
—
Isaac abrió el cuaderno.
No para recordar.
Para no ser fijado.
Isaac
Dejo de pensar aquí.
No porque haya entendido.
Porque algo lo empuja.
El ser es acto y potencia.
No al mismo tiempo.
La frase se rompe antes de terminar.
Isaac levanta la cabeza.
No hay nadie.
Y sin embargo—
alguien lo está leyendo.
La materia
La forma.
El acto.
No son conceptos.
Son cuerpos.
Hákim.
El niño.
La cicatriz.
Todo eso—
es lo mismo.
Pero Isaac no lo piensa así.
Lo siente.
Como una presión en la garganta.
Como vómito.
Como deseo.
La fragmentación
Ayer fui otro.
Un niño.
Una mujer.
Un esclavo.
No es metáfora.
Es continuidad mal distribuida.
Isaac se ve.
En Babilonia.
En Persia.
En Indochina.
No como historia.
Como insistencia.
Algo que no termina de cerrarse.
El deseo
No recuerda haber tocado ese rostro.
Pero lo desea.
No por cuerpo.
Por forma.
Por lo que no fue destruido.
“Inocente.”
La palabra aparece.
Y duele.
Más que cualquier otra.
El lenguaje
Escribir no salva.
No sublima.
No redime.
Pero llama.
Es el único acto que no puede ser completamente absorbido.
Isaac escribe como quien invoca.
No algo que está afuera.
Algo que ya lo habita.
Lisboa
El mundo arde.
Pero no es evento.
Es repetición.
Un imperio cae.
Otro aparece.
Nada se acumula.
Todo se reescribe.
Isaac lo ve.
No con claridad.
Con fatiga.
Farid
En ese momento—
sin que nadie lo diga—
sin que nadie lo vea—
No en el pasado.
En la estructura.
El mismo corte.
La misma pérdida.
El mismo deseo de tocar lo que no puede ser tocado.
Y entonces entiende algo que no puede sostener:
no está recordando vidas
está atravesando la misma
mal fijada
El verbo
—Te nombro.
No hay respuesta.
—Te amo.
Silencio.
—Te encuentro.
Nada.
Porque eso—
eso—
no se devuelve.
La revelación
Isaac se detiene.
No porque termine.
Porque llega al mismo punto que Farid:
el punto donde todo lo vivido
no puede organizarse
en una historia coherente
La caída
Se ve a sí mismo:
traidor
esclavo
niño
amante
muerto
Todo simultáneo.
Todo insuficiente.
El límite
El lenguaje se rompe.
No deja de funcionar.
Deja de contener.
Isaac escribe:
“Soy la sombra.”
Y por primera vez—
no hay metáfora.
Walsh
En otro lugar—
Ivan Walsh pinta.
No figuras.
Esbozos.
Intentos de fijar lo que Isaac no puede escribir.
Y falla.
Siempre falla.
Porque cada trazo—
se abre.
El cierre imposible
Isaac escribe:
“He nacido para esta jornada.”
Pero no sabe cuál es.
No sabe si ya ocurrió.
No sabe si viene.
El punto final
No hay punto final.
Solo esto:
una página que intenta cerrarse
y no puede.
Relación final (sin decirla)
Farid → cuerpo Isaac → lenguaje Walsh → forma
Y los tres—
fracasan
en lo mismo.
Pero ese fracaso—
es la novela.
Última línea del cuaderno
Isaac escribe:
“No hay tarea.”
Pausa.
“No hay reencarnación.”
Silencio.
Y sin embargo—
sigue escribiendo.