la luna de febrero. Era difícil llevar el recuento de los días en estos lugares. Escuchó el maullido de un gato. Había vuelto a soñar con el monasterio. No se lo había dicho a Farid, pero lo que él deseaba era volver a Chipre. Había soñado sin embargo con una enorme ciudad sobre la que volaban copos de nieve. Era una ciudad llena de casas blancas y los templos y las garzas y los copos de nieve eran todos tan blancos que lo había despertado aquel resplandor.