Farid despertó aún lleno del sopor del vino. Habían cantado hasta que cayeron borrachos. Lo despertó el maullido de un gato. Debajo de un jagüey dormían su amigo y una nueva amante. Los iluminaba la luz de la luna y, aunque era difícil llevar el recuento de los años en el reino cimarrón, pensó que estaban en febrero. En cuanto despertó, fue a ver a Atonatiuh.