F1171 · voy a comer y le regunto a uno de los greñudos…

voy a comer y le regunto a uno de los greñudos che guevaras que vienen conmigo en el camión que si sabe dónde hay un lugar rtico para comer.  em ñmalentienden, soy un burgues capitalista, rico?¿ estamos en cuba, yo debía hata dicho sabroso, ero es demasiado tarde, se me tnota lo buegués recién desemacado de nueva york. 

extraño un rato mi departamento en riverside y la nieve en el jardín japonéx fente a la tumba del general grant. extraño irme en mi scooter a la universidad y un poco el frío porque aquí hace run calor que se pega a la piel. 

como en un paladar caro y malo que me deja insatisfecho, me maravillo con el señor que toca las cubetas y los cacharros- que en cuba deben llamarse de otra forma- y como tengo que volver a rampa y g para que me recoga el camión justo a las once de la noche me voy caminando al prado para ligar donde dijo mi amigo aquel que todos ligan.

Llegó a Nueva York.

Bajó del avió. 

En el metro unos hombres se pelearon. El rabino echó a correr. Y él se sentía como por fin en la aventura. 

Fue al departamento de estudiantes. Creyeron que vendría a dar clases. Consiguió un taxi para ir al departamento en Riverside Dr. 

No recuerda quién se lo enseñó. 

Recuerda, sin embargo cuando llegó Carl y luego cuando llegó… Ben? Cómo se llamaba el coreano? Y el otro estadounidense. Recuerda cuando conoció a Miguel y cuando atacaron las Torres Gemelas. Pero todo eso estaba en el futuro. En el presente está cuando llegó a Barnes & Noble y encontró en el estante de éxitos la novela de un muchacho de diecinueve años. T. J. Leroy. 

Reflexión en torno a lo que significa la autoficción. 

Desde que supo que vendría a Cuba la idea le fascinó. En aquel tiempo Emilio se había quedado a vivir en  Nueva York y justo por aquel tiempo acababa de tener lugar el ataque a las Torres Gemelas. 

El 11 de septiembre sono la puerta de mi apartamento en Nueva York. Era Miguel. Estan atacando Estados Unidos, me dijo. Vaya (yo me rascaba la nuca, no le creia un cazzo). De verdad. Bram, mi roomate salio de la recamara

 junto a la mia. Sonreia. Sonrisita nerviosa, habia aprendido a conocerlo bien. Si, confirmo, estan atacando los Estados Unidos. Que?

Pense: ha llegado el momento que temia cuando era nino. Los rusos han invadido, los chinos han invadido. Ha comenzado la tercera guerra mundial. Que desafortunado lugar para vivir la tercera guerra mundial, Nueva York.

No creo nada. Dije. Mi roomate me condujo a la sala de television del apartamento en Riverside. Mira. Ahi estaba. El pentagono en la television. Ardia. Mis otros dos companeros de apartamento miraban consternados la TV.

Es verdad. Hay refugios antiaereos en Nueva York? Pregunte. No. Todos los desaparecio Giulianni (stronzzo, aunque no es cierto, no puedo haber pensado stronzzo! en aquel tiempo todavia no pensaba en italiano).

Salimos Miguel y yo de Manhattan. Tomamos un taxi en la esquina de Broadway y la 175. Cerca del estadio de los yanquis, la policia nos detuvo. Hay ordenes de no abandonar Manhattan. Pero yo vivo en el Bronx, dijo Miguel. El policia levanto los hombros. Me parece que habra tenido la orden de ser tolerante para evitar panicos. Un policia gringo con ordenes de NO dejar pasar a la gente, seguro que no la deja pasar.

Cruzamos el puente. Desde ahi se veia. Manhattan humeando, como en un filme del futuro. El fin del mundo.

Fuimos a casa de Miguel y desayunamos. En la calle escuchamos por primera vez la palabra “terrorismo”. Vi a los mexicanos que seguian haciendo pizzas sin preocuparse por la television ni por los cientos de aviones que -decia la gente- sobrevolavan Nueva York para lanzarse como el ave Roc.

Yo lo unico que habia traido conmigo era la computadora. No traje ni siquiera mi pasaporte. Cuando Miguel ordeno, trae contigo lo unico que necesties, pense en mi computadora (con todo y cargador), no en el pasaporte, no en la tarjeta de credito. De verdad pense que el mundo como lo conocia se estaba acabando.

Despues de revisar mi correo. Despues de leer a mi madre y de saber en la television que era un hecho aislado y no un ataque masivo, despues de leer que mi amigo Mauricio escribia: Pinche guey, siempre estas en el lugar en el que la historia dice que debes estar. Despues de eso, nos sentamos Miguel y yo a comer un enorme plato de huevos con tocino y a ver las noticias.

Que el presidente esta saludable. Que por motivos de estado no se puede decir donde esta. Que Giulianni (un hombre fuerte, sin duda) esta ahi, en la television diciendo: En Nueva York hay gobierno y el gobierno soy yo.

Vamos al WTC? Le pregunte a Miguel. Le brillaron los ojos. Vamos?Yo tengo una camara profesional en mi departamento. Vamos y tomamos video?

Esta bien. Pero por donde entramos?

Por el barrio chino.Asi lo hicimos.Esta foto la usaron en la campana para la cruz roja. Fue un septiembre de fama rapida en ABN y en NBC: estudiantes de Columbia filman lo sucedido en el Ground Zero. Si. La verdad es que solo yo habia entrado. Miguel no se atrevio a ir mas alla del cordon policial y yo -chilango al fin- habia aprovechado la entrada de los zapadores para entrar confundido con ellos. Nos guiaba un peloton militar y nadie penso que yo, morenazo de fuego despertado a las ocho de la manana, cubierto de la ceniza que flotaba como nieve sobre nosotros, no fuese un albanil. Eso parecia y asi entre al Ground Zero. Y filme. Miguel se quedo atras. Y luego, cuando quiso cobrar el dinero por el pietaje de lo que yo habia filmado, dije, esta bien, tu me ensenaste la forma de entrar al Ground Zero a traves del barrio chino, pero cuando quiso poner su nombre en el documental… debo decirlo y lo digo con un poco de verguenza. Me pelee con el.

——Ahora que muera el comandante… 

——Si no vamos a zingar ——le dijo Hendrix—— llévame contigo a descargar en el Malecón.  

Cruzaron La Habana de madrugada. Se metían tiros con una llave. Pasaron por Quinta. El parque Zapata le pareció un montón de flanes a punto de derretirse. 

En el Malecón hay muchachos que pescan de madrugada; viejos que se tiran sobre la piedra y beben mirando la luna. Hay novios y todo el Vedado es un gritar borrachos haciendo música. 

——Ten diez dólares ——gritó la colombiana. 

Se acercó el grupo de mulatos. 

——Quiero que cantes que me estoy volviendo guajiro. 

Ron en vasos de plástico y bazukos. Pingueros en bicicletas. Las bocas saben a ron y a cigarro. Las pieles saben a arroz y a boniato, huelen a coche viejo, a gasolina adulterada. Pasan niñas de pelo recogido que llaman a Zeta: 

——¿Qué bolá, Miguel? Invítanos de tu Claudia. 

Como a las cuatro ha comenzado un chubasco. En el Malecón sólo están ya los más amantes de la descarga. 

A las seis, se fue la colombiana y él y la jinetera se recostaron a mirar amanecer. 

Así, con la nostalgia de todo lo de anoche, lleno todo de olor a mar verde, Zeta dijo: 

——¿Sabes Yasmín? 

——¿Qué hay Miguel? 

——Voy a seguir publicando La Madonna de los peregrinos. 

Ella rió. Siguió fumando. No había nada mejor que ese delicioso estado de borrachera. 

——Van a atraparte, Miguel. 

——Yo sé que no ——sonrió juguetón y le acarició las cejas.   

Duele de pronto. Hay una sola cicatriz, Zeta. Todas las otras son arañazos. Ha vuelto a sangrar la ingle. La sangre apenas ha manchado un poquito el pantalón.

§

***

 INT. GUAGUA RUMBO A LA HABANA. NOCHE.

Johnatan escucha una canción de Juan Gabriel y conoce a Isaías. El trayecto de madrugada sirve a Johnatan para pasar revista a su vida. En verdad se odia a sí mismo tanto como ama a su padre, pero no quiere ser una decepción para él. ¿A qué vas a La Habana? Le pregunta. Jonathan va a buscar a Patricio, el muchacho que lo besó por primera vez.

INT. HABANA. ATARDECER. 

Farid ha llegado a La Habana.

INT. SANTA CECILIA. ATARDECER.

Isaac canta el Sanctus, esta escena se intercorta con la que sigue y con Casey y Canchola volando rumbo a La Habana y llegando a la escuela de cine, a La Carpeta. Conocen a Maria Julia, a Senel, a todos. Se van de descarga.

También con el ale

mán en casa de la francesa. Inhalando coca, persiguiendo niños y subiendo las fotos a La Virgen de los peregrinos. Con Liliana esperando en el Malecón.

Termina con una fiesta de estudiantes borrachos en la EICTV. Piscina.

Jonathan se baña. Patricio abre la cortina. Los muchachos se miran.  Patricio sonríe. Muy lentamente, como un gato que quiere sacar la nata del fuego, Patricio se acerca a los labios de Jonathan. Comienzan a besarse. Es, primero, un beso delicado que, conforme sube de candor, comienza a volverse violento. Patricio muerde a Jonathan que comienza a sangrar. Se separa, los labios de Patricio tienen un hilito de sangre. Sonríe.

JOHNATAN

¿Qué te pasa?

Jonathan no sabe qué hacer, le asustan las cicatrices en el cuerpo de Patricio. 

PATRICIO

Eres un niño.

Pausa. 

PATRICIO

Me das hueva. Me dan hueva los niños. Así lindos y de piel suavecita.

JOHNATAN

¿Quién te hizo estas cicatrices? 

PATRICIO

Son juegos. Se siente rico. ¿Quieres probar? 

JOHNATAN

No. 

PATRICIO

Me dan hueva los niños. Vas a tener que irte. 

Patricio ríe y le dice que va a tener que irse. 

EXT. PLAYA. TARDE

Vagando por la playa Johnatan encuentra dormido sobre la arena a Mariano, un muchacho rubio de melena china. Alrededor de él hay una corte de putas y chichifos entre los que se encuentra Liliana. 

Johnatan se sienta junto a Liliana. Ha encontrado en la imagen de estos muchachos que parecen adorar a Mariano, una vida que parece digna de sus libros. 

Mariano presenta a Johnatan con el Lobo. Le da las reglas y lo llega a tres pruebas en La Habana. 

INT. ESTUDIO DE MIGUEL ATARDECER. 

Liliana escapa con David de su casa.

§

***

***

En ese tiempo yo era estudiante de cine en la Universidad de

Columbia. El 11 de septiembre, un amigo  vino a decirme que fuera

con él al Bronx porque estaban bombardeando Manhattan. Yo no le

creí, por supuesto, pero mi roommate Carl me dijo que era verdad,

que estaban atacando Estados Unidos y que  nadie sabía quien. Yo

pensé que era el fin del mundo, que era la Guerra Mundial que

temía cuando era niño (¿qué hago yo aquí, en Nueva York, justo al

momento de la 3a Guerra Mundial?, pensé). Le pregunté a Carl, pero

quién nos está bombardeando ¿los chinos? No lo sabemos. Mi amigo

tenía afuera un taxi. Nos subimos a él y nos condujo hasta el

puente que lleva al Bronx. Desde ahí se veía la imagen, una enorme

estela de humo levantándose en el cielo de Manhattan. Pudimos

salir de la isla porque mi amigo enseñó que vivía en el Bronx.

Caminamos y caminamos. La gente comentaba en la calle, mis

paisanos mexicanos seguían trabajando y nosotros nos sentamos a

comer una pizza y a ver la televisión. Entonces nos enteramos que

era un ataque terrorista. Cuando llegamos a casa de mi amigo,

revisé mi correo. Mi mamá me decía que sabía que yo estaba en un

lugar lejos del WTC pero que me cuidara mucho (vivía yo en 125th

con Riverside Drive, en un edificio de Columbia). También me

escribieron amigos. Todos muy preocupados. Mi amigo que le daba

por comer por nervios, volvió a desayunar. Entonces yo le dije que

fuéramos al Ground Zero, que yo tenía una cámara digital y que

como estudiantes de cine era nuestro deber documentar lo que

estaba pasando. Le hice jurar que no grabaríamos nada que atentara

contra la vida, esto es cadáveres ni nada truculento. Pasamos por

la cámara a mi departamento como a las 12 del día y después de un

largo caminar pudimos acercarnos al Ground Zero por el lado del

Barrio Chino. Varias veces nos dijeron que nos saliéramos. Yo

tengo alguna experiencia como reportero porque he trabajado en eso

desde que tenía 19 años. También estuve en los terremotos del 85

en México, con mi papá, ayudando a la gente bajo los escombros. Me

uní a un grupo de obreros (tal vez me confundieron porque yo era

mexicano y estaba lleno del polvo que seguía cayendo sobre todos

nosotros). El caso es que con ellos entré al Ground Zero. Mi amigo

no pudo entrar y regresó a su casa. Hice un pequeño

documental/homenaje que al día siguiente transmitieron en NBC.

Después hice otro para ABC. En ninguno de ellos muestro nada que

pueda atentar contra la dignidad de los inocentes muertos. Me

gustaría publicar algunas de las imágenes que tengo de ese

documental. Para mí, haber visto a esa gente ayudando, levantando

escombros, fue muy importante. Me recordó cuando mi papá me llevó

a que ayudara en el terremoto en mi propia ciudad, México. Si el

espacio aquí me lo permite, pondré más fotos. Por lo pronto, pongo

esta imagen de un bombero que me parece que resume en su mirada lo

que todos estábamos sintiendo ese día tan terrible y tan especial.

Cuando volví a mi casa en el metro, estaba todo lleno del polvo

blanco que seguía cayendo del cielo. Estaba como ido, como si

fuera un zombi. Al día siguiente, en la iglesia de Columbia,

asistí a la misa para los estudiantes que murieron (soy católico).

Ahí, comencé a llorar. Lloré muchísimo, lloré con mis compañeros,

con todos. Parecía que no pudiera parar.

——Ahora que muera el comandante… 

——Si no vamos a zingar ——le dijo Hendrix—— llévame contigo a descargar en el Malecón.  

Cruzaron La Habana de madrugada. Se metían tiros con una llave. Pasaron por Quinta. El parque Zapata le pareció un montón de flanes a punto de derretirse. 

En el Malecón hay muchachos que pescan de madrugada; viejos que se tiran sobre la piedra y beben mirando la luna. Hay novios y todo el Vedado es un gritar borrachos haciendo música. 

——Ten diez dólares ——gritó la colombiana. 

Se acercó el grupo de mulatos. 

——Quiero que cantes que me estoy volviendo guajiro. 

Ron en vasos de plástico y bazukos. Pingueros en bicicletas. Las bocas saben a ron y a cigarro. Las pieles saben a arroz y a boniato, huelen a coche viejo, a gasolina adulterada. Pasan niñas de pelo recogido que llaman a Zeta: 

——¿Qué bolá, Miguel? Invítanos de tu Claudia. 

Como a las cuatro ha comenzado un chubasco. En el Malecón sólo están ya los más amantes de la descarga. 

A las seis

, se fue la colombiana y él y la jinetera se recostaron a mirar amanecer. 

Así, con la nostalgia de todo lo de anoche, lleno todo de olor a mar verde, Zeta dijo: 

——¿Sabes Yasmín? 

——¿Qué hay Miguel? 

——Voy a seguir publicando La Madonna de los peregrinos. 

Ella rió. Siguió fumando. No había nada mejor que ese delicioso estado de borrachera. 

——Van a atraparte, Miguel. 

——Yo sé que no ——sonrió juguetón y le acarició las cejas.   

Duele de pronto. Hay una sola cicatriz, Zeta. Todas las otras son arañazos. Ha vuelto a sangrar la ingle. La sangre apenas ha manchado un poquito el pantalón.

§

***

 INT. GUAGUA RUMBO A LA HABANA. NOCHE.

Johnatan escucha una canción de Juan Gabriel y conoce a Isaías. El trayecto de madrugada sirve a Johnatan para pasar revista a su vida. En verdad se odia a sí mismo tanto como ama a su padre, pero no quiere ser una decepción para él. ¿A qué vas a La Habana? Le pregunta. Jonathan va a buscar a Patricio, el muchacho que lo besó por primera vez.

INT. HABANA. ATARDECER. 

Farid ha llegado a La Habana.

INT. SANTA CECILIA. ATARDECER.

Isaac canta el Sanctus, esta escena se intercorta con la que sigue y con Casey y Canchola volando rumbo a La Habana y llegando a la escuela de cine, a La Carpeta. Conocen a Maria Julia, a Senel, a todos. Se van de descarga.

También con el alemán en casa de la francesa. Inhalando coca, persiguiendo niños y subiendo las fotos a La Virgen de los peregrinos. Con Liliana esperando en el Malecón.

Termina con una fiesta de estudiantes borrachos en la EICTV. Piscina.

Jonathan se baña. Patricio abre la cortina. Los muchachos se miran.  Patricio sonríe. Muy lentamente, como un gato que quiere sacar la nata del fuego, Patricio se acerca a los labios de Jonathan. Comienzan a besarse. Es, primero, un beso delicado que, conforme sube de candor, comienza a volverse violento. Patricio muerde a Jonathan que comienza a sangrar. Se separa, los labios de Patricio tienen un hilito de sangre. Sonríe.

JOHNATAN

¿Qué te pasa?

Jonathan no sabe qué hacer, le asustan las cicatrices en el cuerpo de Patricio. 

PATRICIO

Eres un niño.

Pausa. 

PATRICIO

Me das hueva. Me dan hueva los niños. Así lindos y de piel suavecita.

JOHNATAN

¿Quién te hizo estas cicatrices? 

PATRICIO

Son juegos. Se siente rico. ¿Quieres probar? 

JOHNATAN

No. 

PATRICIO

Me dan hueva los niños. Vas a tener que irte. 

Patricio ríe y le dice que va a tener que irse. 

EXT. PLAYA. TARDE

Vagando por la playa Johnatan encuentra dormido sobre la arena a Mariano, un muchacho rubio de melena china. Alrededor de él hay una corte de putas y chichifos entre los que se encuentra Liliana. 

Johnatan se sienta junto a Liliana. Ha encontrado en la imagen de estos muchachos que parecen adorar a Mariano, una vida que parece digna de sus libros. 

Mariano presenta a Johnatan con el Lobo. Le da las reglas y lo llega a tres pruebas en La Habana. 

INT. ESTUDIO DE MIGUEL ATARDECER. 

Liliana escapa con David de su casa.

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